Obtenga lenguaje claro, lenguaje fácil y accesibilidad de forma segura.

Descubra cómo licitar y seleccionar un servicio lingüístico que se adapte a sus personas destinatarias, sus contenidos y sus procesos editoriales.

Contrate un resultado comprensible, no solo un método

Una organización rara vez necesita simplemente IA, traducción o lectura fácil. Quiere que las personas puedan entender una solicitud, encontrar una oferta o tomar una decisión importante. Esta finalidad debe ocupar el primer lugar en la contratación. Si solo se menciona un método, las empresas ofrecen servicios muy diferentes bajo el mismo nombre y la selección posterior se orienta más por términos convincentes que por la necesidad real.

Por eso, describa quién utilizará los contenidos y qué debe poder hacer después de leerlos. Un servicio público para personas con pocos conocimientos de alemán plantea requisitos diferentes de los de una información especializada interna. El lenguaje claro y la lectura fácil tampoco son etiquetas intercambiables. La lectura fácil requiere una práctica profesional claramente definida y una participación adecuada del público objetivo previsto.

El resultado deseado debe ser lo bastante concreto para distinguir las ofertas, pero sin imponer ya una única solución técnica. De este modo, los proveedores pueden mostrar cómo resolverán la tarea. El acuerdo de protección de datos, el alojamiento, la conservación y los precios necesitan atención propia. Forman parte de la decisión global, pero no sustituyen la pregunta de si el servicio lingüístico contratado ayuda realmente a sus personas destinatarias.

Un alcance sincero evita ofertas estándar inadecuadas

Los proveedores deben saber qué contenidos tendrán que procesar. Indique los tipos de texto, idiomas, volúmenes y vías de publicación habituales. Un folleto anual es diferente de las actualizaciones diarias en el CMS. Las tablas, los formularios, los textos de imágenes y los correos electrónicos también pueden formar parte del servicio. Si solo se hacen visibles después de la firma del contrato, es posible que el personal, el calendario y el proceso propuesto ya no se adapten a la tarea real.

Además de textos promedio, muestre también pasajes difíciles. Esto incluye términos técnicos, afirmaciones de carácter jurídico, plazos que cambian con frecuencia o contenidos procedentes de varias áreas especializadas. No se trata de hacer que el encargo parezca artificialmente complicado. Un alcance realista permite a los proveedores indicar abiertamente sus límites y prever los perfiles profesionales adecuados, en lugar de ofrecer un paquete estándar impecable para un entorno de contenidos mucho más exigente.

Aclare al mismo tiempo qué no forma parte del encargo. Es posible que la aprobación técnica siga correspondiendo al cliente mientras que el proveedor asume la edición lingüística y la revisión con el público objetivo. Quizá solo se procesen páginas prioritarias y no archivos históricos. Unas delimitaciones comprensibles protegen a ambas partes frente a expectativas erróneas. También evitan que unas tareas esenciales queden tácitamente sin asignar entre el equipo editorial, el área especializada y el proveedor.

Los requisitos deben poder reconocerse en el uso posterior

Formulaciones como «alta calidad» o «textos fáciles de usar» dejan un amplio margen. Resulta más significativo describir el resultado esperado. Las personas deben poder encontrar un requisito determinado, indicar el siguiente paso o utilizar una vía de contacto de forma autónoma. Este requisito vincula el lenguaje con la tarea. A partir de él, los proveedores pueden explicar cómo elaboran borradores, garantizan el significado técnico y comprueban la comprensión.

Defina también qué elementos se entregarán. Un texto puede incluir título, resumen, enlaces, textos alternativos e indicaciones para la publicación. Cuando hay varios idiomas, el equipo editorial necesita una asignación reconocible a la versión de origen. En lectura fácil, las imágenes y una revisión con personas del público objetivo pueden ser esenciales. La configuración concreta depende del contenido y de la práctica profesional elegida.

Evite los requisitos que se limitan a reproducir un producto determinado, salvo que esa característica sea realmente necesaria. Una larga lista de funciones puede excluir soluciones innovadoras o más sencillas sin ayudar a quienes leen. En su lugar, pregunte qué resultado debe permitir una función. Si es importante una conexión directa con el CMS, describa, por ejemplo, la incorporación segura de textos y estados de edición, no solo el nombre de un botón deseado.

Una muestra de trabajo común permite comparar las ofertas de forma concreta

Pida a los proveedores adecuados que procesen los mismos textos de origen realistas. La muestra debe ser lo bastante pequeña para exigir un esfuerzo justo y contener, al mismo tiempo, dificultades habituales. Publique de antemano la tarea, el contexto y la evaluación para que todos puedan mostrar el mismo servicio. Una historia de éxito elegida por el propio proveedor aporta menos información, porque cada uno presenta precisamente el ejemplo que mejor se adapta a sus fortalezas.

No considere únicamente la formulación terminada. Pida que expliquen qué preguntas surgieron, qué decisiones técnicas fueron necesarias y cómo gestionó el proveedor la incertidumbre. Los buenos proveedores no inventan el significado que falta, sino que hacen visible la necesidad de aclaración. En un servicio lingüístico también importa que la versión se adapte al público y a la finalidad indicados, no que coincida con el estilo personal de algunas personas del equipo de selección.

Si la revisión con el público objetivo debe formar parte del servicio posterior, también debe describirse de forma comprensible durante la selección. ¿Quién participará, qué tarea realizarán las personas participantes y cómo se incorporarán los hallazgos al texto? Una promesa general de pruebas con personas usuarias no basta. Al mismo tiempo, una muestra inicial no debe exigir una amplia producción sin remunerar. El alcance debe guardar relación con el valor de la contratación y el esfuerzo de los proveedores.

El equipo propuesto debe poder realizar el trabajo prometido

Los servicios lingüísticos suelen reunir varias competencias. El personal editorial se ocupa de unas formulaciones claras, el personal especializado protege el significado correcto, quienes traducen redactan de forma natural en el idioma de destino y las personas que conocen al público objetivo comprueban la comprensibilidad. No todos los encargos necesitan un equipo grande. Sin embargo, la oferta debe mostrar quién asume las tareas necesarias y dónde sigue siendo responsable el cliente.

Preste atención a una experiencia adecuada para el contenido. Una traducción publicitaria convincente no demuestra automáticamente un tratamiento seguro de información médica o jurídica. Del mismo modo, la experiencia editorial general no sustituye una cualificación en lectura fácil. Las referencias resultan especialmente útiles cuando abarcan personas destinatarias, vías de publicación y riesgos similares. Pregunte por la función real de las personas presentadas y no solo por nombres de clientes conocidos.

Aclare quién trabajará realmente en el encargo después de la selección. En las presentaciones suelen participar profesionales con puestos directivos, mientras que otras personas se ocupan del trabajo diario. Un proveedor debe explicar de forma comprensible los perfiles previstos, las sustituciones y la colaboración. Los cambios deben seguir siendo posibles, pero no pueden reducir de forma inadvertida el nivel de competencia prometido. Para los contenidos importantes debe quedar claro quién es responsable de las decisiones técnicas o lingüísticas.

El servicio debe adaptarse al trabajo editorial cotidiano

Una buena versión lingüística sirve de poco si solo se entrega como archivo y después debe transferirse con gran esfuerzo a numerosos campos. Describa dónde se crean, revisan y publican los contenidos. Los proveedores deben mostrar cómo conservan su asignación los títulos, los enlaces, los textos de imágenes y las versiones lingüísticas. A menudo basta con una vía de intercambio clara. Una integración compleja no es automáticamente mejor que un proceso sencillo y fiable.

Los equipos editoriales necesitan preguntas comprensibles y estados de edición visibles. Una cola anónima dificulta las aclaraciones, sobre todo cuando aparecen términos técnicos o falta información de origen. La oferta debe explicar cómo responde el cliente a las preguntas, revisa los cambios y aprueba una versión. Sin embargo, evite un proceso rígido para todos los contenidos. Un aviso breve y una descripción de una prestación con consecuencias importantes necesitan distinta profundidad.

Tenga en cuenta los plazos de publicación existentes. Si se publica información de actualidad a diario, la versión lingüística no puede llegar periódicamente varias semanas después. A la inversa, una versión en lectura fácil revisada con cuidado necesita un tiempo realista. Los proveedores no deben prometer rapidez de forma general, sino explicar las diferencias entre los tipos de contenido. Así, la organización puede determinar qué información se publica de inmediato con claridad y qué versiones adicionales se incorporan posteriormente de forma planificada.

Los resultados y los conocimientos de trabajo deben permanecer en la organización

Aclare de qué forma se entregarán los textos procesados, las traducciones y los materiales complementarios. La organización debe poder seguir utilizando y actualizando sus contenidos publicados y, si es necesario, trasladarlos a otro proveedor. Unos derechos de uso poco claros o unos resultados accesibles únicamente en un sistema ajeno generan dependencia. Esto también afecta a las imágenes, los glosarios y los componentes de texto especiales creados durante el encargo.

Durante la colaboración crecen unos conocimientos valiosos sobre términos técnicos, preguntas de las personas destinatarias y errores recurrentes. Estos conocimientos no deben permanecer únicamente en la mente de personas concretas del proveedor. Acuerde una entrega útil de la terminología y de las decisiones lingüísticas fundamentadas. No se trata de un archivo interno extenso del proveedor, sino del material que los equipos editoriales necesitan para mantener de forma coherente los contenidos existentes.

Incluso en caso de cambio, debe quedar claro qué versiones están actualizadas, revisadas o pendientes. Una exportación ordenada de textos e información de estado facilita la continuación. La contratación debe tener en cuenta esta posible transición desde el principio sin hacer que la desconfianza determine la colaboración. Unas buenas reglas de entrega aportan claridad a ambas partes y evitan que, tras cambiar de proveedor, las personas vean versiones obsoletas o contradictorias.

La propia contratación debe diseñarse de forma accesible y justa

Cuando una organización contrata servicios comprensibles y accesibles, su documentación también debe ser clara y accesible. Los términos inequívocos, los documentos bien estructurados y los formatos de archivo accesibles reducen las consultas. Los requisitos de accesibilidad deben adaptarse al servicio y no quedar ocultos en una frase general. En los resultados digitales, unos criterios reconocidos como las WCAG pueden servir de referencia, siempre que se indique claramente la conformidad exigida en cada caso.

Proporcione a todos los proveedores la misma información esencial. Las respuestas a las preguntas, los cambios de plazos y las explicaciones sobre la muestra de trabajo deben estar disponibles por igual conforme a las reglas aplicables al procedimiento. Así, la calidad de una oferta no depende del contacto casual con un área especializada. Unas condiciones transparentes también ayudan a proveedores especializados más pequeños, que quizá tengan menos capacidad comercial, pero unas competencias lingüísticas adecuadas.

Los poderes adjudicadores públicos también deben observar las normas de contratación que les sean aplicables. En las contrataciones destinadas al uso por personas físicas, las disposiciones de la UE también subrayan, en principio, los criterios de accesibilidad, salvo que exista una excepción objetivamente justificada. La forma de aplicar esto en un procedimiento concreto depende del encargo y de la legislación aplicable. Las unidades de contratación responsables o el asesoramiento jurídico deben revisar su configuración.

La evaluación necesita prioridades reconocibles, no impresiones generales atractivas

Antes de presentar las ofertas, determine qué características son decisivas para el éxito. El significado lingüístico, la adecuación a las personas destinatarias, la colaboración técnica y una entrega fiable pueden tener pesos diferentes. Los proveedores deben conocer estas prioridades. Una evaluación que solo se crea después de las presentaciones favorece la intervención más convincente y dificulta una decisión comprensible.

Separe los requisitos mínimos fundamentales de las características en las que las ofertas pueden ser mejores o peores. La ausencia de una competencia lingüística necesaria no se compensa con una interfaz especialmente elegante. A la inversa, no todas las funciones deseables deben convertirse en condición de exclusión. Esta distinción mantiene abierta la competencia y dirige la atención hacia las características realmente indispensables para las personas destinatarias y el equipo editorial.

Documente los motivos de las valoraciones con un lenguaje concreto. «Bueno» o «innovador» explica poco. Resulta más significativo indicar que una muestra de trabajo conservó todas las condiciones, planteó preguntas útiles y describió de forma comprensible la revisión con el público objetivo. Esta justificación facilita las decisiones internas, los comentarios a los proveedores y las conversaciones contractuales posteriores. También muestra si las preferencias personales influyeron inadvertidamente más que los objetivos publicados.

Un buen encargo deja margen para aprender sin perder su objetivo

Incluso una contratación cuidadosa no puede prever todas las situaciones posteriores. Si es necesario, comience con un ámbito temático limitado que muestre los requisitos normales y siga siendo controlable. Ya debe estar claro qué se considera un resultado útil y qué responsabilidad corresponde al cliente. Los primeros contenidos muestran si el alcance, los perfiles y la vía de intercambio se describieron de forma realista.

Los cambios durante la vigencia necesitan una relación comprensible con el objetivo original. Los nuevos idiomas, los tipos de contenido adicionales u otros públicos objetivo son más que pequeños cambios de volumen. Pueden requerir nuevas competencias y revisiones. Por eso, acuerde una vía adecuada para evaluar estas ampliaciones, en lugar de incluirlas de forma silenciosa en el servicio existente o fijar excesivamente todos los detalles desde el principio.

Una contratación exitosa reúne la necesidad de las personas destinatarias, el contenido real y el trabajo editorial en un encargo comprensible. Los proveedores entienden qué efecto se espera y pueden demostrar sus competencias adecuadas. La organización conserva unos resultados utilizables y puede seguir desarrollando el servicio. Sobre todo, no se crea una versión lingüística únicamente para archivarla, sino una parte fiable de la oferta que permite a las personas completar mejor su tarea.

Fuentes de referencia

  1. EUR-Lex: Directiva 2014/24/UE sobre contratación pública
  2. EUR-Lex: Directiva (UE) 2019/882 sobre los requisitos de accesibilidad de los productos y servicios
  3. W3C: Pautas de accesibilidad para el contenido web (WCAG) 2.2

Comience a usar Simple8 gratis.

Crea tu cuenta gratuita y utiliza hasta 15.000 caracteres gratis cada mes.